LA CURVA DE LA FELICIDAD Y EL NÚMERO DE HIJOS

La mejor sorpresa del mundo me llegó en forma de vida: cuando estaba de asunto despachado, nada de fraldas o chupetes por la casa, tres hijos ya crecidos… he ahí que quedé embarazada otra vez. Hace hoy dos años que mi vida volvió al carrusel de las noches apenas dormidas, fraldas sucias, gritos y fiebres. La mejor cosa del mundo.

Tener hijos hace mal a la bolsa pero tan bien al alma. Los hijos multiplican las alegrías y dividen las tristezas. Hacen disparar los decibelios, pero encoger las angustias. Subtraem tiempo, pero añaden capacidad de organización y superación. Hacen aumentar la carga de trabajos pero relativizar las preocupaciones con el trabajo. Causan estrías, dolores de culo, rugas y cabellos blancos, pero nos hacen descubrir las mejores versiones de nodos propios, más completas, más generosas, más bondadosas.

Que me perdone Pitágoras, pero tengo la certeza que en cuestión de número de hijos, la suma de las partes no es aritmética lineal. Cada nueva adición, la felicidad crece más del que el producto que le fue sumado. Un más un no es igual a dos. Dos más un no es igual a tres. Y entonces tres más un no es aún igual a cuatro. Es muy más, es muy mejor.

Los hijos son, de lejos, los mejores ansiolíticos y antidepresivos. No soy sólo yo que lo digo. En el informe sobre la satisfacción de vida de los europeos del Eurostat, una evidencia resalta: las familias con tres o más hijos son las más felices. Muchos otros trabajos científicos conducidos en países desarrollados apuntan en el mismo sentido. La curva de felicidad entre las parejas es sui generis – el secreto es no tener hijos, o tener muchos, concluyó un estudio de 2011 de la The State of Our Union. Un otro estudio de la universidad Edith Cowan, en Perth (Australia), divulgado el año pasado, conducido por psicólogos durante cinco años, concluyó que familias con cuarto o más niños tienen más satisfacción con la vida.

El cuarto hijo es en todo igual al primero. El mismo entusiasmo pateta con las primeras conquistas, la misma alegría irracional a cada etapa normal de su crecimiento. Sólo que al cuarto hijo ya nos olvidamos de las fraldas y de las chuchas cuando salimos, no metemos gorros en días de viento y no conectamos ninguna a la introducción alimentaria faseada ni a las toses con expectoración o a las fiebres abajo de los 40ºC.

Nos preguntan frecuentemente,¿cómo es que damos cuenta del recado, si ambos trabajan?. Dando, pues entonces. Con la enorme ventaja de términos empleo y una vida confortable ¿cuántos no tienen la misma suerte? Y fallando, es correcto, muchas veces. Fallamos grandiosamente en todos los frentes. Pero fallamos el mejor que conseguimos. Buscando hacer cada día un poquito mejor, con la certeza que mañana vamos a irritarnos en la misma, berrar y violar muchas de las bonitas reglas de los libros de psicología infantil.

Pues bien, ¿Estás comenzando una nueva familia?

Si ya está embarazada y a morir de curiosidad por saber el sexo de su bebé, entonces récord los hábitos que mantuvo y descubra si será más probable tener un niño o una niña.
Para una niña

1. Todo está en la sincronización
Se dice que el espermatozoide con cromosoma X (niña) viaja más lento que el espermatozoide con cromosoma Y (niño) y vive más tiempo. No espere hasta que ovule. Planee hacer el acto dos o más días antes de la ovulación.

2. Evite la sal
La sal no es buena para las probabilidades de tener una niña. La teoría dice que hay que hacer cambios en la dieta para alterar los niveles de pH de su cuerpo un par de semanas antes de intentar concebir. Las condiciones ácidas se dice que matan el esperma niño.

Para un niño

1. Revise su gabinete de medicinas
La guaifenesina que tiene el jarabe para la tos que diluye la mucosidad nasal, también trabaja muy bien en sus partes femeninas. Supuestamente, esto favorece más a los espermatozoides varones. Compruebe la lista de ingredientes para estar seguro de que tenga uno con solamente la guaifenesina.

2. No al ácido
Intente una dieta alcalina unas semanas antes de la concepción. A aquellos que quieren concebir niños también se les sugiere aumentar el consumo de sodio y potasio.

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